Económico
Engrase y ajuste de guías, cambio de una o dos lamas, desatasco de la cerradura de suelo o cambio de bombillo.

Cuando sopla viento de mar, las guías amanecen con una costra blanca de sal: limpiarla a tiempo ahorra la mañana en que el cierre no sube.
Cierres de negocio
Un cierre que sube a la primera por la mañana y baja sin tirones por la noche: eso es lo que buscamos cuando revisamos las persianas metálicas de tiendas, bares, garajes y naves de Montgat. Las reparamos, montamos cierres nuevos y les ponemos motor, en el horario que mejor le cuadre a su actividad.
Lo que consigue un comercio con un cierre bien ajustado es sencillo: abrir a su hora y marcharse a casa tranquilo. Para llegar ahí miramos la persiana entera, de la cerradura de suelo al eje del tambor. Hay que mirarlo todo porque el cierre de un local trabaja cada jornada, sin descanso, y cada pieza cansada acaba castigando a las demás.
Cerca de la playa hay que contar con algo más. La brisa del mar deposita sal en las guías y en los muelles, y el acero sin proteger se oxida antes que en un bajo de interior. Por eso, cuando cambiamos una pieza, montamos tornillería inoxidable y repuestos galvanizados o lacados que aguantan mejor la humedad.
En las plantas bajas con tienda del centro de Montgat, de Sant Joan o del Turó del Mar abundan los cierres de lama ciega que llevan años subiendo a mano. Un caso que se repite: el bar que abre temprano y nota que la persiana pesa cada mes un poco más. Casi siempre es la ballesta, que ha perdido fuerza, y se corrige sin cambiar el cierre.
Los negocios de Badalona, El Masnou, Tiana y el resto de pueblos vecinos los atendemos con el mismo horario.
Recuperar el cierre que ya tiene, sin cambiarlo entero, es lo primero que intentamos. Localizamos la pieza culpable, le contamos de dónde viene el fallo y le decimos con franqueza si compensa repararlo o si ha llegado el momento de pensar en uno nuevo.
La ballesta es el muelle en espiral que equilibra el peso de las lamas dentro del eje. Cuando pierde tensión, el cierre cuesta de subir y baja de golpe; si se parte, puede quedarse clavado a media altura. Ajustamos la tensión o cambiamos el muelle, y comprobamos que el eje gire centrado sobre sus soportes.
Un golpe con la carretilla del reparto o con el parachoques de un coche dobla una lama y la saca de su carril. Cuando el resto del paño está sano, cambiamos únicamente las lamas tocadas, con el mismo perfil y el mismo acabado, para que el cierre no se enganche al enrollarse.
La sal y la arena se acumulan en el fondo de las guías y hacen que la persiana rasque al subir. Limpiamos, enderezamos o cambiamos la guía, revisamos los rodamientos del eje y desatascamos la cerradura de suelo, que en los locales cercanos al mar suele ser de las primeras piezas en agarrotarse.
Un cierre nuevo tiene que encajar en el hueco, en el uso del negocio y en lo que usted quiere enseñar con la tienda cerrada. Tomamos las medidas en el local, le mostramos las opciones y preparamos el cierre en taller antes de montarlo, para que el comercio quede sin protección el menor tiempo posible. Cada cierre se fabrica al ancho y al alto exactos de su hueco, con el eje y la ballesta calculados para el peso de esas lamas.
Es la más opaca y la que mejor resiste un intento de forzarla. Encaja en almacenes, garajes y locales que no necesitan escaparate, y bien lacada aguanta muchos años junto al mar.
Lleva pequeños agujeros que dejan ver el interior iluminado aunque la persiana esté bajada. Tiendas de ropa, panaderías y ópticas la eligen para que el escaparate siga trabajando de noche.
Los tubos horizontales o la malla de rombos dejan pasar más luz y aire. Se usan en bares con terraza, aparcamientos y accesos donde importa la ventilación tanto como cerrar con llave.
Levantar a pulso o con manivela un cierre ancho, jornada tras jornada, termina pasando factura a los hombros. En la mayoría de cierres en buen estado se puede añadir un motor sin cambiar las lamas: uno central, que se coloca en medio del eje, o uno tubular dentro del tambor si la persiana es ligera.
El motor se acciona con un llavín de pared, un pulsador interior o un mando a distancia. Siempre dejamos un desbloqueo manual accesible, para poder subir o bajar el cierre aunque se vaya la luz, y le enseñamos a usarlo al terminar la instalación.
Antes de motorizar revisamos la ballesta y las guías. Un motor no arregla un cierre duro: solo esconde el problema unos meses y acaba sufriendo él.
Un cierre seguro es el que obliga a quien intenta abrirlo a hacer ruido y perder tiempo. Reforzamos los puntos débiles habituales con cerraduras de suelo y bombillos nuevos, cerrojos laterales, sistemas autoblocantes que impiden levantar la persiana desde abajo y lamas finales reforzadas.
Si el local ha sufrido un intento de robo, le enseñamos qué ha cedido y qué conviene reforzar primero, sin cambiar piezas que siguen cumpliendo.
Es habitual que, con el técnico ya en la tienda, el dueño nos pregunte por la persiana del comedor de su casa. Para eso tenemos dos servicios aparte.
Para la persiana del piso que se ha descolgado, la cinta deshilachada o la lama que se ha salido.
Persianas nuevas de aluminio o de PVC, cortadas en nuestro taller para cada ventana.
Cogemos el teléfono a cualquier hora, las 24 horas, incluidos domingos y festivos. Podemos venir antes de que abra, después de cerrar o en su día de descanso, y la tienda no pierde horas de venta.
Guías, tornillería y repuestos que soportan la humedad de la costa, para que el arreglo no vuelva a oxidarse con los temporales del próximo otoño.
Cada trabajo lleva su factura y, si lo desea, dejamos anotadas las revisiones del año para que el cierre no le dé sustos en plena campaña.
Los arreglos y montajes que hacemos quedan cubiertos por nuestra garantía. Si la pieza nueva da guerra, nos llama y la miramos otra vez.
Llámenos o déjenos el aviso en el formulario de abajo. Si puede, grabe con el móvil cómo sube y baja, o haga un par de fotos de las guías; por teléfono le damos un WhatsApp para que nos lo envíe. Así sabemos de antemano qué recambio cargar en la furgoneta.
Quedamos a la hora que menos moleste a su actividad. Desplazarnos no le cuesta nada, ni en Montgat ni en los pueblos que lo rodean.
Le enseñamos la pieza que falla, le decimos si conviene reparar o cambiar y le damos el presupuesto, gratis y sin compromiso.
Al acabar, usted mismo acciona el cierre tres o cuatro veces para comprobar que corre suave, y le entregamos la factura.
Para que pueda prever el gasto, agrupamos los trabajos más habituales en tres niveles. La cifra exacta llega con el presupuesto, una vez visto el cierre.
Engrase y ajuste de guías, cambio de una o dos lamas, desatasco de la cerradura de suelo o cambio de bombillo.
Cambio de ballesta o muelles, sustitución de guías o del eje, y motorizar un cierre que está en buen estado.
Cierre nuevo a medida, con o sin motor, y paso de lama ciega a microperforada en escaparates amplios.
Porque no es lo mismo cerrar la puerta de un trastero que el frente de una tienda con dos escaparates: el tamaño del hueco manda, y detrás vienen la lama escogida y el motor, si lo lleva. También cuentan la cerradura y los refuerzos de seguridad, el acabado de la chapa y lo fácil que resulte trabajar en la fachada. Un cierre ciego para un almacén queda en un nivel más económico que uno microperforado y motorizado para un escaparate ancho. Después de ver el hueco le pasamos el presupuesto, sin coste y sin compromiso.
No lo fuerce ni intente bajarlo a golpes, porque una ballesta rota puede soltar el cierre de repente. Si es motorizado, corte la corriente del motor y espere. Llámenos: para estos casos está el servicio de urgencias de persianas, con llegada en menos de una hora a Montgat y alrededores. Dejamos el local cerrado y seguro, aunque la pieza definitiva se monte en otra visita.
La microperforada, que deja ver el género iluminado sin renunciar a una protección seria. La tubular y la de malla enseñan todavía más, pero dejan entrar más polvo y viento. A menudo se combinan: lamas ciegas abajo, donde llegan los golpes, y microperforadas a la altura del escaparate. Le enseñamos muestras en el propio local para que lo vea a la luz de su calle.
Lo admite en la mayoría de los casos, siempre que las lamas, la ballesta y las guías estén sanas. Elegimos el motor según el peso y el ancho de la persiana, y le añadimos llavín, pulsador o mando según cómo trabaje usted. Si el cierre está muy castigado, se lo diremos antes, porque conviene repararlo primero para que el motor dure.
Lo mínimo es una revisión al año, y en primera línea de mar, dos: una en primavera y otra antes del invierno. En cada visita limpiamos la sal de las guías, engrasamos la ballesta y la cerradura y, cuando hay motor, ajustamos sus topes de recorrido. Si tiene el plan de mantenimiento, somos nosotros quienes le avisamos de la fecha, y cada revisión lleva su factura.
Sí, atendemos a cualquier hora, todos los días del año. Muchos trabajos en cierres los hacemos justamente fuera del horario comercial: al bar que cierra tarde le cambiamos la ballesta cuando se va el último cliente, y a la panadería que abre al alba la vemos la tarde anterior. Así nadie tiene que colgar el cartel de cerrado por obras.
Cuéntenos qué hace la persiana y a qué hora le va bien que pasemos por el local. Le escuchamos con calma y le decimos lo que vemos antes de tocar nada.
Con su nombre, un número de contacto y una frase sobre la avería tenemos suficiente; si añade en qué ventana está y hacia dónde mira la fachada, mejor todavía. Le llamará la misma persona que irá a su casa. Si prefiere hablar ya, Persimontgat Persianas Montgat atiende el 936 94 24 78 a cualquier hora.
Abierto las 24 horas, todos los días, urgencias incluidas.
Todos los barrios del municipio, de Sant Joan y Montsolís a Les Mallorquines, Can Siurana y Turó del Mar, y los pueblos de alrededor: Badalona, Tiana, El Masnou, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona (Sant Andreu, Sant Martí y Nou Barris), Vilassar de Mar, Alella, Teià, Premià de Mar, Premià de Dalt, Sant Fost, Martorelles, Sant Adrià, Montcada y Mollet.